¿Cómo es que los gustos que parecían ser tan cotidianos pasan sólo a ser recordados como cosas del pasado o de la infancia en tan poco tiempo?, lo mismo sucede con nuestra manera de pensar, solemos creer que esta se va a conservar intacta a través de los años, pero no… siempre sucede lo contrario, y es que cuando pequeños nos basamos en los valores inculcados por nuestros padres o tutores y muchas veces adoptamos su misma forma de pensar por el hecho de que son ellos los que nos infunden inconcientemente esos gustos y valores que permanecen en nosotros hasta cuando nos sentimos capaces de crear unos propios, en base a modas existentes, influencias particulares o a nuestras propias experiencias.
A mi juicio existen personas que están muy vulnerables a presentar cambios continuamente a lo largo de su vida y otras que mantienen su percepción del mundo y su manera de actuar en él un tanto inalterado, presentando leves diferencias a través del tiempo, son las primeras a las que llamo “influenciables”, pues su esencia se originó a base del plagio de otras esencias existentes. Digamos que su manera de actuar, sus gustos y hasta su vestimenta posee notables y continuas alteraciones debido a que estas personas no logran encontrar fácilmente un equilibrio, algo con qué sentirse 100% identificadas. Aquellas personas que encuentran su armonía más rápidamente son aquellas que nombré en segundo lugar, son ellas las que poseen su paquete de gustos, pensamientos, etc., en una sola línea, y si estos llegaran a evolucionar, sería a causa de sus mismas vivencias, y de las experiencias que a lo largo de su vida experimentaran.
Creo encontrarme dentro del segundo grupo de personas. No tengo un modelo a seguir, exceptuando aquél que todos poseemos y que en parte se relaciona con lograr ser una mejor persona, (mi madre en este caso), creo que las herramientas con las que comencé a formar mi esencia, me la entregaron correctamente mis padres, luego de eso seguí mi camino, diría que perpendicular a mi entorno más cercano, aprendiendo de mis propias caídas, aplicando y evolucionando aquellos valores inculcados y basándome en mis experiencias…
Cambios superficiales:
Amaba el rojo, odié el rojo, me gusta el rojo.
Cambios emocionales:
Nunca quise enamorarme, nunca pensé que me enamoraría, estoy más enamorada que nunca.
Cambios físicos:
Sigo siendo la misma pendeja con cara de nena de 13.
Saludos!